No hace falta ser nutricionista deportivo para entrenar bien tres veces por semana. Hace falta entender tres cosas simples — y soltar algunos mitos que sobran en cualquier gimnasio.

Los tres, en simple

La proteína repara el músculo que trabajas en cada clase. No se necesitan cantidades extremas para una rutina de tres veces por semana: una fuente en cada comida principal —huevo, pollo, pescado, legumbres, lácteos— suele bastar. Más proteína de la que el cuerpo puede usar no se convierte en más músculo. Solo se procesa como cualquier otro nutriente.

El carbohidrato es la energía que el cuerpo prioriza para entrenar con intensidad. Evitarlo por completo, pensando que así se baja de peso más rápido, suele traducirse en menos rendimiento y más cansancio acumulado — lo contrario de lo que se busca.

La grasa cumple funciones hormonales importantes y no debería eliminarse por miedo. La clave está en la calidad —palta, frutos secos, aceite de oliva— más que en evitarla.

El mito del atajo

Un suplemento nunca reemplaza una comida. En el mejor de los casos, complementa una base ya bien construida. Si la alimentación de base no está ordenada, ningún batido de proteína la va a arreglar. Primero la comida real. El suplemento, si acaso, viene después.

Cómo lo resolvemos

La carta de la Cafetería Aktiva apunta justo a esto: proteína real, carbohidratos de buena calidad, sin necesidad de armar un plan de comidas aparte. Alimentación consciente significa comer con intención — no comer menos, ni comer perfecto.

Entrenando tres veces por semana, lo que más rinde no es la dieta más estricta. Es la más sostenible.

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