Durante años se instaló la idea de una ventana de treinta minutos después de entrenar en la que había que comer proteína o perder el esfuerzo entero. No es así. El cuerpo sigue reparando y aprovechando lo que comes durante horas, no minutos. Lo urgente nunca fue la velocidad. Fue que la comida llegara.

Lo que sí importa

Antes de entrenar, algo liviano entre una y tres horas antes — carbohidrato para energía, algo de proteína si se puede. Entrenar en ayunas no quema más: rinde menos.

Después, la combinación que funciona es simple: carbohidrato para reponer lo gastado, proteína para reparar lo trabajado. No hace falta que sea inmediato. Hace falta que sea consistente.

Y lo que de verdad marca la diferencia no es una comida puntual — es lo que comes la mayoría de los días. Ni una sesión perfecta compensa semanas de descuido, ni una comida perfecta arregla una base desordenada.

Cómo lo resolvemos

La Cafetería Aktiva está junto al Studio, en Baquedano 872, precisamente para que esto no dependa de planificar con anticipación. Antes de clase, algo liviano. Después, un bowl con frutos rojos o algo de la carta pensado para acompañar el entrenamiento — no para contrarrestarlo.

No hace falta un suplemento para empezar bien. Hace falta comer con algo de intención, casi siempre. El resto se ordena solo.

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